En contra de la reforma se han posicionado los partidos políticos CiU, PNV y PP, además de un buen número de ciudadanos que expresan su disconformidad. Así que se puede decir que estos tres partidos y multitud de personas dan apoyo al uso de la violencia física por parte de los ciudadanos, en situación de desigualdad e indefensión de aquel que la recibe.
Simplemente recojo la noticia, e intento hacer un breve comentario, pero mi incredulidad ante lo que está sucediendo me impide pensar con claridad. Parece que el hecho de tener menor edad es para algunos suficiente como para poder justificar un acto de violencia física. Los argumentos que llevan a penar actos violentos entre adultos, por el respeto de la integridad física, psíquica y moral, parece que pueden ser olvidados justo cuando más necesarios se hacen: ante una situación de total desigualdad.
En todo caso, me parece que de poco sirven los avances legislativos si no están en consonancia con el discurso cultural imperante. Y creo que las reacciones que se están sucediendo son buena muestra de ello, y de la necesidad de trabajar más allá del terreno meramente legislativo.
Las transformaciones que en la actualidad está tomando la representación social de la infancia pueden ser aprovechadas en ese sentido, no sólo por el mayor conocimiento sobre desarrollo infantil del que se dispone, sino por la participación que los niños empiezan a tener ahora en el mundo adulto. Una participación que produce cambios en el concepto tradicional de socialización unidireccional y generacional, y que debe ser respaldada con una inclusión total del menor en un marco democrático, con especial hincapié en su participación. Esto es darle la importancia que el menor merece, sin limitarse a lo derivado de su observación como persona incompleta, teniendo en cuenta al menor en todos sus aspectos.
También se debe recordar que, si bien existe una mayor sensibilización que ha conllevado la reducción del uso de la fuerza física sobre los menores como medio educativo, este avance se ve mermado por las manipulaciones psicológicas de las que son objeto.