Más policía, más inseguridad

Estamos acostumbrados a que, desde el poder político, se nos ofrezca un discurso de aumento de seguridad ligado al mayor número de cuerpos y fuerzas de seguridad. Lo reduccionista y terriblemente simplista del binomio ayuda a su difusión, y, como no, los medios de comunicación transmiten falsas ideas que calan fácilmente entre la población.

Algo similar está ocurriendo en los últimos años en Catalunya, desde que se aprovechó la oportunidad de contar con una policía autonómica. Los beneficios de la descentralización en este ámbito, sin lugar a duda, pueden ser muchos. Lástima que las ganas de poder lucir en poco tiempo un cuerpo policial propio se hayan opuesto a los necesarios mínimos de calidad que la materia exige.

Una muestra de lo descrito es el amplio número de plazas abierto. Convocatorias de 1500 plazas, una tras otra, con un programa de nivel de dificultad bajo. Esto lo convierte en una oportunidad de conseguir un trabajo muy bien remunerado, por lo que se examinan muchas más personas por necesidad de un sueldo decente que no por vocación. Evidentemente, esto no es un requisito en ningún trabajo, pero si es un elemento más a incluir en la totalidad de la problemática presente, e importante cuando se trata de policías, no paletas, ni lampistas, ni asesores, ni fontaneros, ni banqueros, ni pescadores…

Una vez pasadas las convocatorias, se ingresa en lo que antiguamente se conocía como Escola de Policia, en la que se imparten diferentes materias. Se trata, básicamente, de un lugar en el que se imparte disciplina. Conocimientos básicos para ser policía, también. Pero de garantías y derechos más bien escaso. Algo que posiblemente no compartan los que allí ingresan, pero que es una preocupación presente (‘las garantías duran máximo tres años’).

Como resultado los ciudadanos sufrimos de un cuerpo de policía que demasiado frecuentemente no respeta nuestros derechos. Los casos más llamativos acaban en los medios de comunicación, las vulneraciones en el trabajo diario acaban en la anonimidad. El pedir la documentación basándose en prejuicios parece ser uno de sus deportes preferidos. No es necesaria mención a aquellos que hacen su trabajo de forma correcta, pero se hace en estas líneas para evitar estúpidas discusiones.

Ayer se publicaba en la prensa que, finalmente, se envía a juicio a seis mossos acusados de torturar a un detenido. Veremos si esta vez no se vuelven a utilizar artimañas para acabar dejando lo que es una tortura en simples lesiones, algo que es habitual cuando se acusan a miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Porque en este país no se tortura, ¿verdad?

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