Archivar paraDiciembre, 2007

Mayo del 68

<<No le pongas parches, la estructura está podrida.>>

El cachete; sin cobertura legal

<<El pleno del Congreso de los Diputados ha suprimido dos artículos del Código Civil que concedían a padres y tutores la potestad de educar a los niños con un cachete>>.

En contra de la reforma se han posicionado los partidos políticos CiU, PNV y PP, además de un buen número de ciudadanos que expresan su disconformidad. Así que se puede decir que estos tres partidos y multitud de personas dan apoyo al uso de la violencia física por parte de los ciudadanos, en situación de desigualdad e indefensión de aquel que la recibe.

Simplemente recojo la noticia, e intento hacer un breve comentario, pero mi incredulidad ante lo que está sucediendo me impide pensar con claridad. Parece que el hecho de tener menor edad es para algunos suficiente como para poder justificar un acto de violencia física. Los argumentos que llevan a penar actos violentos entre adultos, por el respeto de la integridad física, psíquica y moral, parece que pueden ser olvidados justo cuando más necesarios se hacen: ante una situación de total desigualdad.

En todo caso, me parece que de poco sirven los avances legislativos si no están en consonancia con el discurso cultural imperante. Y creo que las reacciones que se están sucediendo son buena muestra de ello, y de la necesidad de trabajar más allá del terreno meramente legislativo.

Las transformaciones que en la actualidad está tomando la representación social de la infancia pueden ser aprovechadas en ese sentido, no sólo por el mayor conocimiento sobre desarrollo infantil del que se dispone, sino por la participación que los niños empiezan a tener ahora en el mundo adulto. Una participación que produce cambios en el concepto tradicional de socialización unidireccional y generacional, y que debe ser respaldada con una inclusión total del menor en un marco democrático, con especial hincapié en su participación. Esto es darle la importancia que el menor merece, sin limitarse a lo derivado de su observación como persona incompleta, teniendo en cuenta al menor en todos sus aspectos.

También se debe recordar que, si bien existe una mayor sensibilización que ha conllevado la reducción del uso de la fuerza física sobre los menores como medio educativo, este avance se ve mermado por las manipulaciones psicológicas de las que son objeto.

Más policía, más inseguridad

Estamos acostumbrados a que, desde el poder político, se nos ofrezca un discurso de aumento de seguridad ligado al mayor número de cuerpos y fuerzas de seguridad. Lo reduccionista y terriblemente simplista del binomio ayuda a su difusión, y, como no, los medios de comunicación transmiten falsas ideas que calan fácilmente entre la población.

Algo similar está ocurriendo en los últimos años en Catalunya, desde que se aprovechó la oportunidad de contar con una policía autonómica. Los beneficios de la descentralización en este ámbito, sin lugar a duda, pueden ser muchos. Lástima que las ganas de poder lucir en poco tiempo un cuerpo policial propio se hayan opuesto a los necesarios mínimos de calidad que la materia exige.

Una muestra de lo descrito es el amplio número de plazas abierto. Convocatorias de 1500 plazas, una tras otra, con un programa de nivel de dificultad bajo. Esto lo convierte en una oportunidad de conseguir un trabajo muy bien remunerado, por lo que se examinan muchas más personas por necesidad de un sueldo decente que no por vocación. Evidentemente, esto no es un requisito en ningún trabajo, pero si es un elemento más a incluir en la totalidad de la problemática presente, e importante cuando se trata de policías, no paletas, ni lampistas, ni asesores, ni fontaneros, ni banqueros, ni pescadores…

Una vez pasadas las convocatorias, se ingresa en lo que antiguamente se conocía como Escola de Policia, en la que se imparten diferentes materias. Se trata, básicamente, de un lugar en el que se imparte disciplina. Conocimientos básicos para ser policía, también. Pero de garantías y derechos más bien escaso. Algo que posiblemente no compartan los que allí ingresan, pero que es una preocupación presente (‘las garantías duran máximo tres años’).

Como resultado los ciudadanos sufrimos de un cuerpo de policía que demasiado frecuentemente no respeta nuestros derechos. Los casos más llamativos acaban en los medios de comunicación, las vulneraciones en el trabajo diario acaban en la anonimidad. El pedir la documentación basándose en prejuicios parece ser uno de sus deportes preferidos. No es necesaria mención a aquellos que hacen su trabajo de forma correcta, pero se hace en estas líneas para evitar estúpidas discusiones.

Ayer se publicaba en la prensa que, finalmente, se envía a juicio a seis mossos acusados de torturar a un detenido. Veremos si esta vez no se vuelven a utilizar artimañas para acabar dejando lo que es una tortura en simples lesiones, algo que es habitual cuando se acusan a miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Porque en este país no se tortura, ¿verdad?

Viejos culpables declarados inocentes

<<Desde 1989, más de 200 prisioneros han sido exonerados por la prueba del ADN en Estados Unidos. El New York Times ha entrevistado a 137 de ellos sobre sus vidas desde que abandonaron la prisión – sus trabajos y amores, el cuidado de su salud y de su hogar. Los hallazgos y docenas de entrevistas de audio se presentan a continuación>>

Eso se puede leer en esta página web del rotativo. Junto a esas palabras, una presentación en formato flash. Clicando sobre el listado de nombres se puede acceder a esas entrevistas a las que se hace referencia.

Es un material que sirve para reflexionar sobre el paso del Estado social hacia el Estado penal que se ha dado en Estados Unidos, donde la cantidad de población encarcelada aumenta sin cesar (2 millones en 2001). No hace falta demasiada argumentación para explicar el crecimiento que también en España se está produciendo.

¿Habrán sido listados algunos de ellos en los ficheros públicos de delincuentes?