Carta a los Reyes Magos

Las calles se llenan de luces y en los centros comerciales ya se frotan las manos. Sobre críticas a las fechas navideñas ya se ha escrito mucho. El motivo de este comentario es otro: las cartas a los Reyes Magos.

En diversas páginas webs, generalmente vinculadas a diversas empresas, se facilita a los más pequeños la redacción de su carta a los Reyes Magos, con una tipografía y unos gráficos muy elaborados, que entregarán a sus majestades llenos de ilusión. Lástima que detrás de esta iniciativa se encuentren intereses poco loables.

Gran parte de estas empresas están haciendo uso del contenido de esas cartas para atraer visitas, lo que supone publicidad de su producto y de su website. Algunas de ellas, no todas, advierten en un largo texto titulado Política de privacidad que se reservan el uso del contenido de esas cartas para sus intereses. Evidentemente, se trata de un texto de muy difícil comprensión para la mayoría de los pequeños que harán uso de ese servicio, y, además, probablemente no adviertan la importancia de tener en cuenta lo que muchas veces llamamos “la letra pequeña”. Tampoco lo hacen la mayor parte de los adultos cuando usan Internet, a pesar de encontrarse en mejores condiciones para hacerlo.

Tan sólo quisiera recordar el derecho a la privacidad, y también, si se quiere, a la privacidad de la correspondencia, uno de los derechos básicos para el funcionamiento de una sociedad democrática. ¿Porqué deberíamos privar a los más pequeños de un derecho tan básico? Sin duda alguna, se está aprovechando el desconocimiento de los niños sobre sus derechos, y de la importancia de éstos, para fines lucrativos. Un adulto no es nadie para decidir si una carta escrita por otra persona, de menor, igual o mayor edad, reviste de suficiente importancia como para ser considerada privada o pública. Eso va precisamente en contra de la imagen que rodea a lo que consideramos adulto.

Una carta dirigida a tres reyes magos, los cuales van a juzgar nuestro comportamiento de todo el año para decidir cómo deberíamos ser recompensados, no es ninguna tontería. Mucho menos si se tiene en cuenta que en muchas de esas cartas se incluyen sentimientos muy personales, puede que incluso ruegos y disculpas.

A pesar de comentarios como el mío, muchos se van a permitir el lujo de frivolizar, pero sólo cuando han abandonado ese estatus de inferioridad y exclusión en el que la sociedad sitúa a los niños. Una palmadita en la espalda para todos ellos.

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